La figura de Pinochet trascenderá a nuestro pesar

*A pesar del descredito en que cayó la imagen de Augusto Pinochet en sus últimos años de vida no son pocos chilenos que manifiestan una admiración por el personaje.*

La adhesión ciega e irracional es una de las caracterísitcas de buena parte de sus admiradores, especialemnte en sectores sociales más bajos. Es que el ex dictador en vida se ocupó de construir una narración de sí mismo en que él adquiere la condición de “mesias” destinado por dios para cumplir la significativa misión de “salvar a su patria del comunismo”.

Cuando Pinochet accede al poder en 1973 era un general practicamente desconocido para la mayoría de los chilenos. Había llegado a jefe del ejército recomendado por general Carlos Prat, ex número uno de la institución y hombre de confianza de Allende. Hay quienes señalan que Pinochet traicionó a Allende ya que siempre se mostró leal y obediente al presidente. La versión del propio pinochet es que actuaba de fachada o fingía lealtad mientras conspiraba en secreto. Sin embargo, la verdad es que el ex dictador se sumo a la conspiración practicamente dos días antes del golpe de estado. Pinochet fue un oportunista.

Hasta septiembre de 1973 Augusto José Ramón pinochet era un militar que idolatraba la disciplina militar y polarizaba el mundo entre el orden y el caos. Al hacerse del poder total en Chile pinochet pone en circulación un discurso político del tipo mesiano y autoreferencial, elaborado con sus más cercanos, en que él se describe como predestinado por “ la Divina Providencia”.

El discurso político de la dictadura militar repetido incansablemente por todos los medios de comunicación, dividió al país entre amigos y enemigos, buenos y malos chilenos, orden o caos, estabilidad o terrorismo y otras categorias que muchos ciudadanos repetían con mecánica obediencia. Los que vivimos en Chile durante la dictadura sabemos con certeza que muchos de nuestros vecinos y conocidos del entorno adherían al régimen y estaban dispuestos a “sacrificar” su individualidad y sus derechos.

El desprecio por la democracia y los derechos de las personas siempre estuvo presente en la vida política de Chile. La violencia del estado contra las personas no comenzó con el golpe de estado de 1973. La sociedad chilena hasta hoy todavía vive una cierta esquizofrenia entre la “democracia formal y nominal” y el autoritarismo de las élites. Quizás el haber roto con esa ambivalencia es lo que más agradecen los adherentes y admiradores del ex dictador.

La obseción del ex dictador por presentarse a la sociedad como mesias enviado a “salvar la patria” tiene que ver con un organizado intento imponer un relato histórico absoluto, total y libre de ambiguedades molestas. No debe extrañar a nadie que el auto-relato construido por el dictador haya tenido importante aceptación y popularidad en el Chile de los setenta, ya que de algún modo pinochet representó y continua representando muchas de las ideas de una parte de los chilenos: El autoritarismo, el racismo, la intolerancia y un patriotismo mal entendido. La figura de pinochet es representativa de lo peor del ser chileno.

Tras la muerte del ex dictador seguramente muchos políticos de gobierno y oposición van a realizar calculadas declaraciones para marcar distancia de pinochet. Algunos van a optar por resaltar los “aspectos positivos de su régimen” para tratar de ocultar el fondo del asunto. Probablemente ninguno va a reconocer que este moderno Frankestein fue construido con materiales e insumos proporcionados por una elite económica y política que a la fecha no ha cambiado su manera sectaria y excluyente de controlar el país.

El discurso de refundación nacional que ayudó a la dictadura y a las fuerzas armadas a permetuar su poder y que tiene su particular expresión en el “mesianismo pinochetista” fue reemplazo a contar de los años noventa por el de la modernización democrática.

Democracia y autoritarismo han convivido hasta hoy debido al acuerdo de las elites políticas, militares y empresariales. Seguramente hoy día todos ellos concuerdan en que pinochet será juzgado por la historia. Esa certeza me lleva a concluir que la eterna transición a la democracia teledirigida por la clase política a fracasado en uno de sus aspectos más importante: Contribuir a instalar una fuerte cultura democrática en los y las chilenas.

La muerte del ex dictador no cierra ninguna etapa de nuestra historia. Más bien lo que hace es consolidar la convivencia de dos discursos sobre nostros los chilenos: El autoritario antidemocrático y el republicano elitista y supuestamente modernizador. En ambos hay un poco del legado de pinochet.

_Jaime Penela López_